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Palabra irreverente de otros cuerpos

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Isbel G, o el resurgimiento de un género

Por Rito Ramón Aroche

Desde hace unos pocos años en Cuba se viene dando un acercamiento a un género el cual durante mucho se ha mantenido desatendido ¿Cómo llamarlo? Algunos le dicen adagio, moraleja, máxima… el más actual: aforismo. Dispersos o travestidos en múltiples y variados géneros cómo pueden ser el teatro, la novela, el ensayo, los diarios, la correspondencia y el periodismo. Martí fue un gran cultor y diseminador del tal género en cuanta página cultivó. Cintio Vitier no dejó nunca de ponderar el libro de Luz y Caballero. Véase por demás los diarios de Lezama. La literatura universal no puede ser más pródiga: Frederich Nietzsche, el conde de la Rochefoucauld, Pascal, o el alemán Georg Christoph Lichtenberg. Pero antes tenemos el caso de Marco Aurelio, Gracián, luegotendríamos a Hebbel y Oscar Wilde. De los contemporáneos bástenos citar al premio Nobel Elías Canetti o a Emil Cioran. Imposible que los muestre aquí y en tan breve nota a todos. Mas de los que cito veo donde escoger. Hay una frase a todas luces recurrente. El corrosivo Lichtenberg, el corrosivo Emil Cioran. Este último fue prácticamente lapidario el día que se le preguntó de dónde o cómo se le ocurrían los aforismos: «A veces, creo que dijo, lo invitan a uno a comida y una señora dice un disparate» ¿Y al referirse al hecho de por qué no había escrito novelas? «En la novela, eso creo que también había dicho, hay que dar detalles. Y yo voy directo a las conclusiones». De Lichtenberg ni hablar. En sus célebres conversaciones con Eckermann, Goethe tuvo que llegar a admitir, en vez de contraatacarlo, que cuando Lichtenberg decía algo es que detrás debía haber un problema. Entre las banderas asumidas por el surrealismo se encuentran sus aforismos al lado justo de Los cantos del maldoror y las Poesías del propio conde de Lautréamont. De hecho, hay que ver las preciosas páginas que le dedicara André Bretón a Georg Christoph Lichtenberg o aquellas que le dedicara Ramón Gómez de la Serna a Isidoro Ducasse.

Pero volvamos a la literatura cubana de nuestros días. Y esa pulsión actual en las más nuevas generaciones por levantar y sacudir un género al que muchos creían en desuso. La razón nadie la sabe. La admiramos en otros pero no nos sentimos cómodos de ser sus cultores. Imagino que la causa (poco promulgada tal vez) puede estar en su ductilidad que va desde el absurdo, el humor, la ironía o su carácter político, costumbrista o filosófico. No es, o no serían ninguna de estas, en todo caso, una razón mayor y puede que sí lo sea la trampa que ello mismo encierra: Pecar de ligereza.

Hasta donde he podido adentrarme en la lectura (lectura y relectura pues) de este cuaderno, Palabra irreverente de otros cuerpos, su autor, Isbel G, no. Isbel apuesta, consciente de que hay que llegar a leer para contener un género, del mismo modo que hay que llegar a contener un género antes de vaciarlo. Esto es:

Dios existe,

pero reniega de su arte.

Tag(s) : #Literatura

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