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Las pseudociencias son aquellas disciplinas nacidas del intelecto humano que pretenden ser consideradas por muchos de sus adeptos como ciencia verdadera. No obstante estas no poseen basamentos científicos serios y mucho menos emplean el método científico para sus análisis y resultados, siendo estos, en la mayoría de los casos, arbitrarios e infundados.

La astrología, una pseudociencia muy popular


Respecto a la astrología, esta es una de las pseudociencias más conocidas e insólitas en muchos aspectos. En primer lugar es una de las más antiguas y surgió incluso, sino antes que su ciencia análoga, la astronomía, al menos simultáneamente a esta y convivieron, en la mayoría de los casos, como una misma disciplina.

También es una de las disciplinas que más adeptos tiene dentro del mundo de la superstición y el ocultismo.

Finalmente es una de las pseudociencias más fácilmente refutables y de las que más pruebas científicas contundentes existen en su contra.

Argumentos en contra de la Astrología: El retraso de la información


La luz de los astros demora desde un segundo, en el caso de la Luna hasta miles de millones de años para los más alejados, en llegar a la tierra. Solamente la más cercana, Próxima Centauro, de la constelación de igual nombre, necesita más de cuatro años para que la luz que emite llegue hasta nosotros. O sea, que incluso la información de la más cercana de todas las estrellas nos llega con más de cuatro años de retraso. ¿De qué modo predecir entonces el futuro si ni siquiera se puede saber qué está pasando en el Universo en el presente? Tal vez algunas de las estrellas que empleen los astrólogos para sus predicciones no existan ya realmente, pues solo están viendo una imagen que salió de ellas hace incontables años.

La insignificancia de la incidencia física


Está más que demostrado, mediante el sofisticado instrumental científico actual, que la influencia física real de la inmensa mayoría de los cuerpos celestes sobre el planeta y la biosfera es despreciable o no existe en lo más mínimo. Se pueden citar muchos casos, es cierto, en los que la influencia es efectiva y notable, como la actividad solar, el efecto gravitatorio del propio Sol, la Luna y, en menor medida, los planetas. También pudieran provocar efectos considerables la explosión de una supernova cercana o el arribo a la tierra de una fuente de rayos gamma (cosas que no han ocurrido nunca dentro del período histórico de la humanidad) o algún otro fenómeno menos frecuente, pero nada más.

La arbitrariedad de los asterismos empleados


Las constelaciones, que son uno de los elementos fundamentales de las cartas astrales, son asociaciones de estrellas totalmente arbitrarias que nada significan. Las distancias entre estas son enormes y solo las vemos cerca mutuamente por la lejanía a que se encuentran de la tierra. Además, estas están distribuidas en un espacio tridimensional y lo que se representa es únicamente una proyección sobre un plano. Por tanto una estrella que pertenezca a determinada constelación puede estar realmente mucho más cerca de otra que se observa en el sentido diametralmente opuesto del cielo que de las propias estrellas de su constelación. Por solo citar un ejemplo, la distancia entre la referida Próxima Centauro y beta Casiopea, una estrella que se encuentra al otro extremo de la bóveda celeste, es de menos de 60 años luz; sin embargo, la distancia entre esta primera estrella y Hadar (beta Centauro), la estrella brillante de su misma constelación y que se observa justo a su lado, es de más de 500 años luz.

Además han existido infinidad de constelaciones inventadas por los hombres en diferentes culturas y diferentes épocas y las existentes actualmente no son más que el resultado de un consenso tomado por la Unión Astronómica Internacional para facilitar el proceso a la hora de catalogar los objetos celestes.

Por otra parte, estas constelaciones no han existido siempre y con el tiempo sus formas se perderán debido al desplazamiento de las estrellas y al surgimiento o destrucción de algunas otras.

El fenómeno de la precesión


Otro aspecto tal vez más crítico por el error que, ya sea por arbitrariedad o ignorancia, lleva implícito, es que a las personas que supuestamente nacieron bajo determinado signo realmente les corresponde un signo diferente.

Para que se entienda mejor, nacer bajo determinado signo significa que en la fecha que ese individuo nace el Sol se encuentra en el cielo dentro del área que ocupa esa constelación. Pero resulta que debido al fenómeno de la precesión terrestre, el Sol se ha corrido prácticamente un signo con respecto a lo que dicen los horóscopos. Es decir que, por ejemplo, los que nacieron en los últimos días de mayo y primeros días de junio, no son realmente del signo Géminis sino de Tauro, el signo que le antecede y así sucesivamente con los restantes.

El Sol entra realmente en Géminis el 22 de junio

Esta es una muestra irrefutable de la poca seriedad científica de la astrología, al obviar un fenómeno tan evidente.

Los trece signos del Zodíaco

Constelación de Ofiuco o Serpentario

Otro aspecto igualmente inconsecuente es que realmente son (o, al menos, deberían ser) trece signos zodiacales y no los doce que decretan las cartas astrales. Si el fundamento de estos signos es que el Sol transita sobre sus respectivas constelaciones a lo largo del año, pues entonces Ofiuco o Serpentario, que se encuentra entre las constelaciones de Escorpión y Sagitario debería formar parte de este círculo, pues el astro rey transita por esta en un período que va del 30 de noviembre al 17 de diciembre.

El Sol entrando en Ofiuco el 30 de noviembre

¿Posibles causas de esta omisión? La principal de todas, entre muchas otras, se refiere al hecho de que el trece ha sido considerado desde la antigüedad como un número de mal augurio. Qué crédito puede tener entonces la astrología si escamotea la verdad por pura superstición, ningún otro crédito que el de la superstición misma.

Tag(s) : #Astronomía y espacio

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